El
2025 fue un año muy especial para mí. Formado en mil batallas desde mi niñez y
juventud, el 18 de julio de 2025 perdí la pierna izquierda por una obstrucción
arterial que la adquirí desde que era un niño, probablemente desde mi
nacimiento, pero que lo ignoraba. De la noche a la mañana me convertí en un
nuevo amputado. Al
principio pensé que era un simple callo, no lo tomé muy en cuenta. Pero cuando
mi podóloga, una dilecta amiga, me recomendó que vea a un médico especialista,
la situación se volvió más seria.
