Existen
crecientes preocupaciones entre empresarios y personas de negocios respecto a la
corrupción que la vemos en todos lados. Gente de “cuello y corbata” en las
organizaciones corporativas y grandes empresas, hasta robos y estafas de menor
cuantía en las microempresas.
¿Qué
puede pasarle a una persona que tiene un puesto en el mercado o un farmacia o
ferretería, o tal vez, aquella que vende por internet? ¿Existen peligros ahora
que los pagos se hacen por monederos electrónicos como Yape, PLIN u otro
monedero?
Es
urgente conocer en el mundo de los negocios, modernas estrategias para detectar
delitos económicos y aplicar con antelación determinadas herramientas. La
experiencia nos dice que existen presuntas irregularidades que se están
desarrollando con nuevas y sofisticadas técnicas de robos, estafas y cobro de
cupos. Por esa razón, todo emprendedor o empresario de la MYPE (Micro y Pequeña
Empresa) o PYME (Pequeña y Mediana Empresa) debe saber para afrontar con éxito
una lucha contra la corrupción.
Por
ejemplo, los estudios internacionales revelan que solo el 15% de los actos de
corrupción en una organización empresarial es causada por fraudes cometidos por
los propios trabajadores de nivel bajo, el 20% son realizados por jefes o
personas que tienen un cargo en el negocio, y el 65% por trabajadores de nivel
medio o “de confianza”. Según las investigaciones, los delitos inherentes en el
Perú son el soborno, malversación, nepotismo, dolo, suplantación, piratería,
falsedad genérica, robo, defraudación de impuestos, abuso de autoridad,
extorsiones y cobro de cupos en todos los niveles.
La
decisiones para sancionar drásticamente estos delitos merecen todo nuestro
apoyo, pero no debe orientarse sólo a los delincuentes, sino a todos los
trabajadores. Si son empresas formales inscritas en la SUNAT se deben regir por
las Normas de Control Interno, Resolución 320-2006 CG, publicada el 3 de
noviembre del año 2006. Existen algunas MYPE que están vinculadas con los programas
de compras estatales, lo que las obliga a trabajar con transparencia en las
licitaciones. En este caso, urge que los servidores estén informados sobre la
aplicación de los adecuados controles internos con enfoque de riesgos para que
actúen con diligencia en las siguientes compras estatales y licitaciones
públicas, cumpliendo de esta manera con los estándares internacionales que se
exigen.
Para
las MYPE el control interno puede sonar a algo complejo, pero el control
interno es un instrumento de gestión que se debe utilizar para proporcionar
garantías razonables en el cumplimiento de los objetivos de las
organizaciones. El cumplimiento de estas normas fomentará que las
dependencias públicas se administren de una manera más transparente y con mayor
eficiencia, redundando en un mayor valor para la propia organización.
Generalmente
los actos de corrupción o delitos no se generan de la noche a la mañana y
tampoco lo realiza una sola persona. Son procesos que toman tiempo y dónde
participan dos o más personas.
Si
bien es cierto que hay normas que cumplir y procedimientos por hacer, la
honestidad debería ser una práctica elemental de las personas. No se requiere
rigor para cumplir con las normas. Por ejemplo, si la ley dice que no se debe
manejar en estado etílico, no se debería manejar en estado ebrio. Hacer
trámites en el Poder Judicial al parecer “cuesta” dinero para agilizar los
papeleos. Solicitar un informe también tiene un precio. Las oficinas de control
interno se están llenando de denuncias y poco se está haciendo. Son las
personas las que fallan y no los sistemas. Cualquier sistema sería perfecto si
el hombre (varón o mujer) lo fuese. La corrupción es una lacra, pero la
honestidad es una virtud que aún se puede practicar si lo queremos.

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